| Violencia escolar como fenómeno Social y Educativo |
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Publicado en Abril de 2010
RESPONSABILIDAD DE LA ESCUELA Y DE LOS PROFESORES La violencia escolar es hoy un reto ineludible para profesores y otros profesionales de la educación, porque la escuela, institución educativo-social, no puede mirar para otro lado ante la urgencia del mismo. Urgente e ineludible no solo porque complique la convivencia escolar y el rendimiento en el aprendizaje, sino también porque constituye un problema educativo que afecta a la naturaleza de la escuela.
Por otra parte, la propia realidad social y los estudios actuales sobre la violencia escolar nos permiten afirmar que ésta, tanto en su génesis como en su desarrollo, supera hoy los límites del aula y del centro escolar, porque es manifestación de un fenómeno social y complejo que se reproduce en la escuela (Merino 2007).
En este contexto sería erróneo abordar la violencia escolar como algo interno al centro educativo que ha de resolverse exclusivamente dentro del mismo, cual si fuera un simple problema disciplinar o didáctico, y que, como tal, se corrige con más disciplina o con el simple aprendizaje de algunas habilidades sociales acompañadas de unas cuantas clases de educación en valores.
Otra actitud errónea, asumida por no pocos profesores, es la que denomino “actitud del avestruz”. Actitud que esconde un mecanismo de evasión que conduce al hecho de que muchos profesores justifiquen su no implicación profesional en la acción socio-educativa de prevenir y reconducir los comportamientos violentos en la escuela. La casuística de estos mecanismos evasivos, aducida para razonar la no implicación profesional, pueden agruparse en las dos afirmaciones siguientes: a) La institución escolar ha de circunscribirse de manera exclusiva a la transmisión, producción y gestión del conocimiento. El profesor es un técnico especialista del conocimiento, no un educador. b) La socialización y la convivencia no son tarea de la escuela, sino de la sociedad y de sus instituciones. La violencia, como reflejo y reproducción de la violencia social, es en la sociedad y en las instituciones políticas y sociales donde ha de afrontarse.
Frente a lo erróneo de los dos razonamientos anteriores, es necesario recordar que la historia de la escuela y su naturaleza como institución educativa y, por lo tanto, los profesores como profesionales de la educación, tienen una gran responsabilidad tanto a nivel preventivo como de reconducción del fenómeno de la violencia.
Durante años llevo investigando la violencia como fenómeno social y escolar, así como trabajando en la praxis de la acción socio-educativa dentro y fuera de la escuela, tanto a nivel de formación como de praxis concreta. Todo ello en orden a buscar y desarrollar a nivel teórico y práctico cauces, procesos y procedimientos de prevención, corrección y reconducción. Las conclusiones teóricas y prácticas de este análisis y experiencia profesional las resumo en las siguientes líneas de acción que someto a su consideración y debate:
1. Líneas generales del modelo de acción socio-educativa de la escuela: a) La escuela como institución social en la que la sociedad delega la educación y la formación tiene una responsabilidad ineludible en el problema de la violencia. b) La complejidad de la violencia escolar supera los límites de la escuela y requiere la convergencia en una unidad de acción de la escuela y de la sociedad. c) Los profesores, especialmente en los niveles no universitarios, no somos simples técnicos para desarrollar currículos académicos, sino profesionales de la educación. Este cambio en el perfil del profesor lleva consigo la recuperación del “modelo humanista de escuela” frente al fracaso, ya contrastado, del “modelo tecnológico”, reminiscencia de la revolución industrial. d) La crisis de identidad del modelo de escuela actual, circunscrito casi exclusivamente a la gestión del conocimiento, es incapaz de afrontar la nueva realidad social de la diversidad donde la violencia parece haberse instalado como forma normal de vida. Hecho que contamina la dinámica escolar. En este contexto, las nuevas demandas educativo-sociales y la investigación social y pedagógica permiten afirmar que la superación de esta crisis de identidad requiere que la escuela se refunde sobre los dos fundamentos siguientes: • Mejorar la función de transmisión, producción y gestión del conocimiento. • Recuperar la función de impulso, desarrollo y gestión de la convivencia (Merino, 2007 y 2009).
El paradigma sociocognitivo (Román, 2009) ofrece marco teórico, rigor metodológico y herramientas didácticas y técnicas para que este reto de refundación no genere dos líneas paralelas de acción, sino que se integren en un modelo socio-educativo y didáctico integral.
2. Líneas de praxis directas en la prevención y reconducción de la violencia: a) Acción planificada que evite el activismo estéril y la improvisación. b) Coherencia entre los mensajes verbales, los modelos de conducta y las propias conductas del profesor. c) El desarrollo de estructuras y procesos de unión entre el espacio social y el educativo. El error de la escuela durante las últimas décadas ha sido generar su propio espacio de espaldas a la sociedad, lo que degeneró en el desarrollo de una cultura academicista y, como consecuencia, en la separación entre espacio social y educativo. d) Utilización del conflicto como recurso didáctico para el aprendizaje de la convivencia. e) Trabajar didácticamente desde el paradigma de “ser competente” frente a la carga violenta que conlleva el paradigma basado en la competitividad agresiva. f) Formación del profesorado en competencias y habilidades sociales que le permitan afrontar la doble función cognitiva y social. g) Formación y entrenamiento de los padres para enfrentar el problema actual de la violencia en coordinación con la escuela. No olvidemos que la familia es el núcleo de socialización primaria por excelencia.
Las líneas anteriores no tratan de ser un reflejo exhaustivo de la enorme casuística implicada en la acción, puesto que es un problema complejo y polivalente. Sin embargo, nos permiten, por lo menos, plantear que el reto de la violencia escolar abre una serie de desafíos a la formación inicial y permanente del profesorado, ya que una respuesta eficaz al mismo requiere estar formados en numerosas capacidades, habilidades y destrezas de tipo social. Ante ello, cabe la pregunta ¿estamos los profesores preparados para responder con eficacia al reto generado por la violencia escolar?
Bibliografía citada: Merino, J. V. (2007). La violencia escolar. Análisis y propuestas de intervención socioeducativas. Santiago de Chile: Editorial Conocimiento. Merino, J. V. (2009). Educación intercultural. Análisis, Estrategias y Programas de Intervención. Santiago de Chile: Editorial Conocimiento. Román, M. (2009). Diseño curricular de Aula: Modelo T, puerta de entrada en la sociedad del conocimiento. Santiago de Chile: Editorial Conocimiento.
José V. Merino Fernández Catedrático de Pedagogía Social U. Complutense de Madrid (España) Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |







