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Pocas, malas o derechamente nulas técnicas para enfrentar la vida académica y la organización del tiempo traen consigo la mayoría de los estudiantes que ingresan a la educación superior. Distintas estrategias de nivelación desplegadas por las casas de estudio ayudan a los alumnos a tomar el ritmo.
Una de las frases que más escuchan los jóvenes en 4° medio es que "van a empezar a ser adultos de verdad", que ya no serán los regalones de los profesores y que no sirve calentar la materia en la noche para sacarse un 6.0 en la prueba del día siguiente, ni pedirle un justificativo al papá. Pero entre fiestas de graduación, la emoción de las despedidas de los amigos y el deslumbre de las fiestas mechonas, a muchos les entra por un oído y les sale por el otro. "El paso del colegio a la universidad es muy difícil y existen muchas expectativas respecto al cambio. Generalmente los profesores u orientadores en los colegios les advierten de las diferencias, pero los jóvenes están tan preocupados de lo inmediato y viven una etapa tan compleja, que no lo internalizan hasta que se ven enfrentados a esta nueva realidad", dice Tirsa Rosales, psicóloga da la Dirección de Experiencia Universitaria de la Universidad Andrés Bello.
Todos los ramos valen Sin duda, los malos o nulos hábitos de estudio son de los principales problemas con los que se enfrentan los mechones. María Angélica Balmaceda, directora de Asesoramiento Académico de la Universidad de los Andes, cuenta que a los estudiantes les cuesta entender que ya no basta con estudiar un día antes y también se les hace difícil organizar el tiempo y darle la importancia necesaria a cada ramo. "En el colegio estudiaban para dos o tres ramos importantes y en el resto sabían que les iba bien y subían el promedio, pero en la universidad deben darles importancia a todos por igual, y ese equilibrio muchas veces se les hace complejo", dice. Para enfrentar esto, en la Universidad de los Andes cada alumno desde que se matricula tiene asignado un profesor que lo ayuda en la planificación de su vida universitaria. "Los estudiantes llegan con muchas falencias en sus técnicas y hábitos de estudio y este asesor les entrega herramientas sobre cómo organizar su tiempo, metodologías, esquemas para estudiar, lecturas recomendadas, etc. Los va introduciendo a la vida adulta y al sistema universitario", comenta Balmaceda, quien aclara que esto no emula al profesor jefe del colegio. Una estrategia similar adopta la Universidad Central. Todos los estudiantes que ingresan al plantel pasan por un diagnóstico donde se consideran aspectos socioeconómicos y demográficos, estilo de aprendizaje y capital cultural. "Con eso sabemos cómo vienen y les informamos de esto a los directivos de escuela y a los profesores, de modo de generar estrategias para apoyarlos en caso de carencias, que generalmente tienen que ver con hábitos de estudio o manejo de la autonomía y relación con los compañeros", dice Luis Merino, vicerrector académico de la Universidad Central.
Cambios emocionales Es que el paso desde un sistema protector como el del colegio a la autonomía universitaria para muchos implica un golpe duro no sólo en lo académico, sino que también en lo emocional. "En el colegio ya conoces a tus compañeros y sabes cómo enfrentarlos, mientras que en la universidad se encuentran con personas nuevas. Hay chicos que vienen de colegios muy protegidos en términos sociales y se encuentran con otras realidades socioeconómicas y a veces no se la pueden con los estudios y lo social al mismo tiempo. Eso hace que uno se encuentre con alumnos que no tienen amigos, porque se dedican sólo a estudiar o bien siguen muy apegados a sus círculos de infancia. O al revés, tienen mucha vida social y no entran nunca a clases o no saben enfrentar la vida académica", comenta Tirsa Rosales.
Autor: Pamela Carrasco T. Fuente: http://diario.elmercurio.com |