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Comunidades de Aprendizaje Profesional en Instituciones Educativas E-mail

Editorial del boletín Nº4 publicado en agosto de 2009


Una comunidad de aprendizaje profesional (CAP) está constituida por un grupo de profesionales –profesores(as)– con la finalidad de mejorar sus prácticas docentes, centradas en el aprendizaje.

Una CAP parte del principio siguiente: en la sociedad del conocimiento, cambiante y compleja, todos somos aprendices –profesores(as) y estudiantes, adultos y niños, individuos e instituciones– y quien no aprende envejece prematuramente y sicológicamente muere por inadaptado. Existen de hecho en educación “muertos vivientes” que se niegan a aprender y perciben la rapidez de los cambios como amenazas y no como oportunidades. Conviene tener claro que el umbral de aprendizaje debe ser superior al umbral de cambio.

Una comunidad profesional de aprendizaje ha de dar prioridad a la construcción de la capacidad colectiva de aprender del grupo, más que al conocimiento y habilidades de los individuos. Y ello exige una formación en el centro, entendido como una organización que aprende, en torno a uno o varios proyectos (no muchos). No basta una formación para crecer y aprender individualmente, ya que el aprendizaje individual no asegura el aprendizaje organizacional para lograr un propósito común. La transformación y reforma de las instituciones educativas no procede de fuera, sino que se construye desde dentro, donde los profesores(as), como aprendices, han de ser constructores de su propio aprendizaje, de una manera colaborativa.

Las características fundamentales de una CAP, en una institución educativa, son entre otras, las siguientes:

•   Visión y misión compartidas en torno a un proyecto común, como marco de referencia para la innovación y el cambio cultural. Todos los miembros de una CAP deben compartir una visión común y unos valores, dirigidos hacia el aprendizaje de todos sus estudiantes. Ello genera un sentimiento de trabajo colaborativo, desde la perspectiva de valores compartidos.

•   Entender el centro escolar como una organización que aprende y es susceptible de mejora. Ello supone considerar la escuela como organización, no como un producto cerrado, sino como una construcción social y comunitaria. Se debe valorar al profesor(a) como el principal agente de cambio y de transformación de la escuela, desde el aula.

•   Compromiso con el aprendizaje de todos los estudiantes, aceptando colectivamente como CAP que todos ellos son capaces de aprender, ya que poseen un alto potencial de aprendizaje. La enseñanza se debe enfocar hacia los resultados del aprendizaje, lo que implica una reflexión sistemática sobre el aprendizaje real de los estudiantes, y esta reflexión ha de mirarse en el espejo de un paradigma (como mapa mental profesional colectivo). La colaboración mutua se ha de centrar en el aprendizaje de los estudiantes y en el aprendizaje mutuo profesional (planificando sesiones de aprendizaje en el aula, discutiendo el progreso de los estudiantes, preparando materiales y recursos de aprendizaje,…).

•   Promover el aprendizaje profesional: ello supone facilitar a los profesores(as) organizar oportunidades de aprendizaje de tipo colectivo, priorizando la formación en el centro que posibilite la creación de una cultura profesional común (apoyo de expertos, asistencia amplia de determinados actos de formación,…). Este aprendizaje debe apoyarse en un paradigma concreto por el que opta el centro (nosotros recomendamos el paradigma sociocognitivo). Este planteamiento exige tiempos de encuentro planificados de una manera coherente y un plan a largo plazo (varios años). La construcción de continuos procesos de mejora y cambios en las rutinas escolares ha de entenderse como una forma de inversión colectiva. La mejor inversión de una institución radica en la mejora del capital humano.

•   Confianza, respeto y apoyo mutuo: las CAP se caracterizan por la confianza y el respeto mutuo, tratando de apoyarse unos a otros, compartiendo prácticas docentes y experiencias profesionales; planteándose además nuevos retos, nuevas oportunidades y nuevas expectativas.

Una comunidad de aprendizaje profesional posibilita e impulsa por un lado el desarrollo personal (cociente de felicidad por el trabajo bien hecho), y por otro el desarrollo profesional (al mejorar las habilidades profesionales y los conocimientos, en el marco de una organización entendida como un sistema cultural).

A menudo ocurre que la formación recibida por los profesores(as) en la universidad es muy diferente a las demandas actuales de una nueva escuela centrada en el aprendizaje. Los profesores(as) suelen estar muy preparados en su disciplina y en la enseñanza de la misma, pero desconocen los procesos del aprendizaje subyacentes en dicha materia (capacidades, destrezas y habilidades, actitudes y valores). Hoy la sociedad demanda nuevos profesionales pensantes que tengan habilidad para evaluar y revisar sus propias acciones de aula. Este cambio de óptica, desde una escuela que enseña a una organización que aprende, demanda tiempo y un compromiso sostenido de entrenamiento profesional a lo largo de varios años. La mezcla de un poco de esto y un poco de aquello no afecta a la práctica y da resultados escasos (más bien produce neurosis colectiva). El aprendizaje es el resultado de interacciones entre varias partes del sistema que buscan más la complementariedad que la contraposición.

Entre los proyectos de una CAP proponemos los siguientes para la mejora del aprendizaje: desarrollo del paradigma sociocognitivo desde el Modelo T, comprensión y aplicación adecuada al aula del concepto de competencias-habilidades, implementación de los Mapas de Progreso del aprendizaje e Indicadores de Logro en una institución educativa, aplicación del Modelo T en el aula como diseño y evaluación, mejora de los resultados del Simce en una institución educativa, entre otros.

 

Dr. Martiniano Román Pérez

Madrid, agosto de 2009.

 

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