| SIMCE: ¿Una amenaza o una oportunidad para el docente? |
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Editorial del boletín N° 2 publicada en junio de 2009
Como punto de partida considero que la evaluación social del aprendizaje en la educación es imprescindible y necesaria, para velar por la calidad de la misma (tal como ocurre en muchos países). Pero además la prueba SIMCE puede ser una amenaza o una oportunidad para el profesor y la institución educativa. Es una amenaza cuando se evalúa a profesores, estudiantes e instituciones y no está claro de qué y cómo se les evalúa. Ello no mejora la calidad del sistema educativo ni tampoco los resultados. Sólo se publican algunos ejemplos, no la prueba completa. Los mapas de progreso del aprendizaje acotan el campo evaluador, pero por sí mismos no van a mejorar los resultados. También es amenazante cuando se analizan los resultados cuantitativos y el ranking de instituciones (y docentes), se genera mucha estadística y no está claro que hay detrás de la misma. Falta un debate serio y público sobre la calidad de la prueba y los contenidos de la misma. ¿Y quien evalúa a los evaluadores? ¿Quién evalúa la calidad de la prueba? ¿Cuáles son los criterios utilizados en la construcción de estas pruebas? Sin respuestas claras a estas preguntas el poder de los evaluadores es inmenso en este tema y la rentabilidad social es escasa. En una sociedad democrática las pruebas de evaluación democráticas no son ni deben ser secretas. Nunca he podido analizar técnicamente la prueba SIMCE completa. El argumento de que es costosa (y por eso no se publica una vez aplicada) parece poco sólido. Esto no produce equidad o más bien, mantiene la inequidad. El debate estadístico y socioeconómico (por ahora el único posible) dice que las diferencias se mantienen y, añado, se van a mantener, aunque puede haber ligeras mejoras provisionales. Sin embargo, veo una oportunidad si se dan estas condiciones: 1) Los profesores tienden a adaptar su enseñanza a los modelos oficiales de evaluación (ocurre en muchos países). Si técnicamente (gran debate social y profesional) se analizan las pruebas se verá su consistencia interna y, de esa manera, orientarán a los profesores a centrar su enseñanza en el aprendizaje basado en capacidades; 2) Entiendo, tal y como ocurre en el Proyecto PISA, que detrás de cada prueba y cada ejercicio debe haber una capacidad-destreza asociada a un contenido (forma de saber) y un método (forma de hacer o contenido aplicado). Y esto debe explicitarse y socializarse entre docentes e instituciones. Una enseñanza centrada sólo en contenidos no mejora los resultados SIMCE. 3) Si desarrollamos capacidades y destrezas, mejoraremos los resultados y crearemos equidad. Los más débiles y los más pobres poseen un elevado potencial de aprendizaje (inteligencia potencial) sin desarrollar, al carecer de oportunidades. Poseen grandes dificultadas para acceder a los contenidos y, por ello, es necesario mejorar sus capacidades. Y ello es posible también desde la evaluación. 4) En la Prueba SIMCE se han de explicitar las capacidades y destrezas subyacentes o mejor aún definirlas. Ello posibilitará un claro aprendizaje por comprensión, propio de la sociedad del conocimiento. Y además orientará a los docentes a reenfocar su enseñanza y centrarla en capacidades-destrezas. Y por fin, agrego, unas propuestas concretas (por si sirven): la publicación de los criterios técnicos y pedagógicos de construcción de la prueba (un folleto); la publicación de la prueba completa cada año con sus resultados concretos; y el análisis crítico de la misma a nivel social y profesional, tanto de la consistencia interna de la prueba como de sus resultados (más allá de los modelos socioeconómicos y estadísticos que también pueden ser útiles). Dr. Martiniano Román Pérez Madrid, junio de 2009 |






